Viña “La Hontanilla”

Se incorpora al proyecto Vino Pedro Martín en 2019, aunque ya hemos vendimiado uvas de ella en otras ocasiones.

Es un viñedo de más de 100 años de antigüedad situado en el paraje “La Hontanilla” de Valdefuentes de Sangusín, es pequeña, tiene unos 900 metros cuadrados y en ella apenas sobreviven 350 cepas de Rufete.

El potencial que tiene, a mi juicio, no puede ser mejor; cepas viejas, ladera con ligera pendiente, orientación Sureste, altitud de algo más de 900 metros y suelo granítico con textura franco-limosa. Sus uvas serán un complemento ideal a las de la viña, “El Calvario” porque tiene características muy similares pero a una altitud de unos 650 metros.

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Vista general de la viña antes de iniciar las labores de limpieza.

Habrá a quien sorprenda encontrar viñedos en este pueblo tan conocido por su dedicación a la ganadería, cosa que es cierta y que hacen muy bien, sin embargo hay que decir que, aunque pocas, aún conservan buenas viñas tanto en la linde con el término de San Esteban como en “La Hontanilla” zona muy próxima al pueblo frente a la Sierra de Béjar donde se encuentra nuestra viña.

El río Sangusín da nombre al pueblo de Valdefuentes y es un afluente del Alagón uno de los principales ríos de  la Sierra de Francia. Valdefuentes de Sangusín es uno de los municipios que delimitan las dos Sierras; la de Béjar y la de Francia, ambas consideradas Reserva de la Biosfera por la UNESCO, lo que nos indica que puede haber importantes similitudes en cuanto a costumbres y cultivos, así como climatológicas y de suelo por lo que al parecer se incluyó este municipio dentro de la Denominación de Origen Protegida Sierra de Salamanca.

Pero la razón principal por la que nos encontramos viñedos en zonas que podemos denominar limítrofes a las que tradicionalmente se han dedicado al cultivo de la vid, imagino que tiene que ver con la obtención de vino para el autoconsumo, ya que éste antiguamente formaba parte de la dieta diaria de los trabajadores del campo, y servía como revulsivo en las labores con el heno durante los largos y calurosos días de verano.

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Haciendo labores de limpieza previas a la poda, al fondo se puede ver la Sierra de Béjar.

A lo largo del mes de diciembre, con la hoja de la parra ya caída, inicio las labores del nuevo ciclo. Cepa por cepa voy eliminando todo lo que sobra y dejando solamente los sarmientos que darán lugar a los nuevos brotes. Hay que tener en cuenta que son cepas muy viejas, están débiles y hay que medirles las intervenciones.

La idea general del trabajo en viña es de intervención mínima, por eso dejo los restos de poda sobre el suelo con la intención de mantener la cubierta vegetal natural y he aplicado un tratamiento preventivo contra posibles enfermedades producidas por hongos como el mildiu, y algunas bacterias a base de productos autorizados en agricultura ecológica.

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Detalle del suelo de la viña con los restos de poda en una fría mañana de invierno.

La gestión de la cubierta vegetal se hace de forma mecánica, nunca química. Solamente desbrozo la linea de los piés de las cepas dejando el interior de las calles hasta que se agoste de forma natural y se descomponga formando “mulching” para que sirva como abono natural.

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Una de las cepas de la viña “La Hontanilla”

Poco a poco ire recuperando esta preciosa viña para obtener de ella un caldo con la mejor calidad.